Ulises: un ejemplo de liderazgo

La mitología clásica griega encierra verdaderas lecciones empresariales. La que hoy comparece aquí es de liderazgo y la encarna Ulises, el protagonista de “La Odisea”, la famosa fábula de Homero. Veamos aquí un claro ejemplo de liderazgo.

En su largo viaje (diez años) de vuelta a casa, la embarcación capitaneada por el rey de Ítaca debía atravesar la Isla de las Sirenas, cuyos bellos cantos tenían la facultad de encantar a todo el que navegaba cerca, atrayéndole hacia la muerte.

Justo antes, Ulises fue advertido por la diosa Circe de los peligros de la travesía:

“Tapa los oídos de tus hombres con cera de abeja, y si tú deseas escuchar su música haz que tus marineros te aten de manos y pies al mástil y oblígales a jurar que no te soltarán por muy cruelmente que les amenaces”.

Así lo hizo. Cuando el navío se acercó a la Isla de las Sirenas, éstas cantaron dulcemente, prometiéndole anticipar el conocimiento de todos los futuros acontecimientos que le esperaban en tierra. Ulises empezó a gritar a sus hombres, ordenándoles que le desataran, e incluso amenazándoles con la muerte si no le obedecían. Sin embargo, sus marineros obedecieron las órdenes anteriores y lo único que hicieron fue atarlo más fuerte al mástil. Así la nave siguió navegando sin peligro y las sirenas, sintiéndose humilladas por el fracaso, se suicidaron.

De este episodio fantástico se pueden extraer varias claves relativas al liderazgo:

– La importancia de tener información previa. Decía Maquiavelo que una de las características que debía tener El Príncipe es la “previsionalidad”, es decir, saber en qué sentido se van a mover los acontecimientos en el futuro. En la fábula, Ulises sabía de antemano lo que ocurriría al navegar junto a la Isla de las Sirenas. Esa información previa le salvó la vida.

– La ayuda de terceros cualificados. Tan valiosa información sobre el inminente peligro fue facilitada por la diosa Circe. El buen líder no es infalible ni autosuficiente; sino que ha de saber rodearse de sus particulares “dioses” (terrenales o no), cuyo auxilio en un momento determinado pueda resultar clave.

– La ejemplaridad en el sacrificio. Ulises evitó a sus hombres que pasaran por el trance de escuchar los cantos de las sirenas, obligándoles a que se taparan sus oídos. Fue él quien sufrió tan contradictoria experiencia, atado al mástil.

– La obediencia y respeto del grupo. Los marineros aceptaron y cumplieron la inusual orden de atar a su patrón al mástil. Por muy extraña que pareciera, obedecieron la orden por respeto y creencia en su líder.

–  La calidad de los miembros del equipo. Pese a que también recibieron la orden de desatar a Ulises (incluso con amenazas de muerte), los marineros decidieron incumplir esta segunda orden a sabiendas de que el capitán se encontraba bajo los efectos del encantamiento provocado por las sirenas. Fue una decisión respecto de la que no surgió duda alguna gracias al convencimiento del grupo sobre cuál era la orden correcta.

–  Compartir información. Estas dos últimas, la obediencia y calidad del grupo, son consecuencia directa de que Ulises compartió la información sobre los peligros, que le había sido facilitada previamente.

 

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